Llevo tiempo pensando en escribir esta entrada y a punto de lanzar el nuevo patrón (lo ves en la cabecera) decidí que era hora de hablar sobre el tema.

Mucha gente no se siente confortable en decir cuánto costó, cobró o recibió por tal cosa. Con una mamá otro día hablando sobre los aparatos dentales me atreví a preguntar cuanto había costado el tratamiento dental de su hijo, noté cierta resistencia en el instante que le pregunté, sin embargo me siguió contando. Con otra mamá que hablaba sobre su hijo en la universidad volví a atreverme a preguntar cuanto tenía que pagar de matrícula, lo mismo.

Pero esta entrada no va de conversas entre mamás y si de patrones. El start me dio esta mañana cuando recordé un vídeo de un youtuber con ciento y pico mil seguidores que decía claramente cuanto ganaba con su canal, en aquel momento era sobre 400 euros. ¿Mucho? ¿Poco? La verdad es que, excepto en casos públicos, no sabemos cuanto gana la gente que vive del mundo 2.0, los números los creamos nosotras en nuestra cabeza. Los relacionamos con los números de seguidores y damos por sentado de que ganan una super pasta. Puede que en muchos casos sí, no en todos.

Yo que ando desde 2011 por aquí y solo este año realmente me puse en modo monetizar el blog veo que la realidad es otra. Para contestar la pregunta del título no puedo generalizar, porque sabemos tú y yo que hay gente que vive de eso. Os dejo abajo mis ingresos en los últimos cuatro meses, es bastante aclaratorio por sí solo.


Tengo serios conflictos interiores cuando pienso en estos números. He evitado hablar del tema por que me tocan heridas internas pero en muchas fotos de Instagram reflejo mis inquietudes. ¿No es mejor desistir? Tanto trabajo para nada?

Cuando me vine a España allá por el año 2004 he tenido que sacrificar toda la vida que tenía montada para crear otra. He dejado mi trabajo, mi carrera, mis amigos, mi familia, el conforto de mi casa, etc. Imagino que solo uno que vive eso sabe de lo que hablo.

Es muy duro, en mi caso siempre me deparo con la sensación de no tener pasado. De no haber vivido 28 años en donde nací. No puedo compartir con mis hijos mucha cosa de lo que me hizo hoy su madre. Comidas familiares, sitios donde estudié, historias. Sí lo puedo hacer cuando vamos allá, ahora mismo hace 4 años que no voy. Pero mucha cosa me he olvidado, hasta me olvido de las palabras en portugués, de los nombres de la gente, de las calles, de imágenes. Si visteis Juego de Truenos, me siento como Arya Stark: no soy nadie, no sé nada.

El caso es que al venir aquí dejé todo para construir una familia. Trabajé en un estudio de arquitectura hasta mi hija nacer cuando vino una crisis muy fuerte en el sector. Durante los años siguientes hacía cosas en paralelo en la maternidad pero solo cuando mi tercer hijo empezó el cole vi que podría volver a ser una madre ocho-horas-trabajadora, oops miento, media-jornada-trabajadora. Qué gran ilusión.

¿Como conciliar una mamá cuarentañera, con tres hijos, sin familia para echar una mano? ¿Tendría que sacrificar lo único que tengo ahora para volver a ser la mujer independiente profesional de antes? ¿Dejar mis hijos a cuidado de otra persona?

La gran solución fue reinventarse y intentar hacer de lo poco que sabía de la costura y patronaje un modo de vida. Sí volví a aprender. Esta fue mi gran palabra del año. Manejar Autocad, Patroneo key, Illustrator, Indesign, Photoshop, Lightroom, Audition, Premiere, redes sociales. Profundizar patronaje , costura, buaj…

Pero cada vez que veo estos números me siento mal. Mal por medirnos por los números, el número que dice cuánto vales. Mal porque personalmente me hubiera gustado pagar de mi bolsillo el cambio del blog, mal por no aportar ingresos suficientes, mal por no tener una remuneración fija, mal por ver mi marido en dos trabajos, mal porque no ve los críos, mal por haber dejado la arquitectura, mal por trabajar en los patrones a diario y sentirme estancada, mal por pensar que estoy haciendo mal, mal por querer ser estas mujeres trabajadoras sin tiempo de cuidar de sus hijos, mal por tener tiempo de cuidar mis hijos, mal…

Eso no es un juego, he dejado de buscar amistades online, dejado grupos, dejado de querer que me quieran. Encontré mi sitio y mi foco. Quiero sentirme útil profesionalmente y volver a ser independiente. Y ese yo entra en conflicto con todo lo anterior. La dura realidad de no tener más veinte años, soltera y libre de responsabilidades.

Este texto todo para que veáis claramente lo que hay detrás. No es todo glamour. No soy infeliz pero sé que me falta algo. Seguiré por aquí dándolo todo para sacar este espacio adelante. Agradezco a toda la gente que me ha apoyado estos años, que han creído que yo valgo para eso, que me han comprado patrones, que no me han pirateado, que me han literalmente empujado a seguir. Sí sé que mis ingresos son ridículos, que no soy una influencer de suceso. Pero yo no soy estos números, ni de seguidores ni de ingresos.

Soy apenas una mujer.